
Nadie se voltea para verla entrar, yo me escondo tras mi sobra y la observo imperceptible, mientras que ella, cargando sus oscuros y grandes ojos, se acomoda en la mesa y espera…
El mesero se acerca y le ofrece fuego para su gris vicio. Le pregunta si quiere beber algo… ella se niega, dice que espera por alguien… y le comenta sonriendo que al parecer aquel reloj y esas manillas ajenas no coinciden con las suyas.
Veinte minutos pasan y sigue solitaria, ya no es el humo de un cigarro el que danza por su pecho, tres más lo acompañan. “El cigarro relaja mis miedos” me comentó tantas veces… “De nada sirve el relajo si al acabarte el cigarro vuelves a respirarlos y a darles más vida que ayer” le repetí tantas veces…
Ahora esta enfrentando sus miedos…al menos, eso creo… ahora enfrenta por fin el absurdo temor de no agradarme, de no agradarle… y yo inmóvil en mi rincón lucho con la tonta sensación de saberla una certeza… de saber que sus ojos me harían caer sin que sirviesen mis planeadas defensas… de entender que esta tarde podría beber a su lado todo el café de este oscuro local…
Yo me paralizo y no lo logro… aún así muero de ganas de pedirle que me regale uno poco de sus cigarrillos mágicos y de paso entregarle mi escurridizo reloj… para que lo obligue a mover sus manillas, tal como le plazca, tal como alguna vez imagino…
Duele entender que su claridad es mi noche… entristece sentir que probablemente el dia en que yo vuelva a amanecer, ella se haya dormido.
Es una pena que te cierres a los hombres Femme...