lunes

La aparto con delicadeza. No podría soportar que me besara ahora. La primera vez fue lindo. La segunda un desastre. La tercera seria, definitivamente un problema. Soy incapaz de permitirme en buena forma querer a un hombre. Mal puedo siquiera preguntarme por mi capacidad de amar a una mujer.

Ella se aleja demasiado, interpretando mi gesto como una forma de rechazo, supongo. Intento explicarme.

- Gabriela, yo también te quiero, pero no necesito mas enredos. Escucha. No podría entrar en una relación de pareja ahora. Por ejemplo, con Franco, aunque me hubiera estado enamorando de el como dices. No podría dejar que eso pasara, porque tengo demasiadas cosas pendientes. Para estos asuntos, tengo bastante más cabeza que tu, aun cuando a veces lamente que sea así. Y creo que hiciste las osas espectacularmente mal. Yo sentí que eras tu la que se estaba enamorando de Franco y eso también me preocupaba a mí. Decirme “vamonos” hubiera sido más que suficiente. No te habría dicho que no. Entiende. Yo tampoco quiero que haya cosas por medio que puedan interferir. Eres la única a la que he podido contarle mi historia y eso ahora es lo mas importante. Pero tampoco me gustaría que te confundieras, Gabriela. Nada bueno sale de mus afectos como pareja. Además, no me parece que eso sea lo que tu quieres, tampoco ¿Te acuerdas cuando me dijiste que nadie te la “metía” como Marcelo? Bueno. Yo ni siquiera tengo a”algo” que meterte.

Gabriela se ríe y nuevamente parece dueña de su cuerpo. Se ríe poniendo en ello toda la pena, y la tensión, y el cariño. Siento un alivio que me va relajando también a mí y acaba contagiándome la risa.

- Mentira. Podrías meterme miedo, por ejemplo.

- O meterte el dedo en la boca.

Se dobla sobre sí misma. Le salen lágrimas de la risa, y pasa un tiempo largo antes de que pueda volver a hablar.

- O meter la pata.

- Eso –digo- pero en eso tú eres la más experta.

La risa circula entre las dos como un sahumerio que nos distiende; nos salva, como tantas otras veces, de nosotras mismas y nuestras infinitas complicaciones. Cualquiera creería que nos volvimos locas, pienso, y posiblemente no estaría equivocado.



* Este es un fragmento de “El Daño” de Andrea Maturana, por lejos uno de mis libros favoritos, me fascina su forma de narrar, nada sobra y no cae en esas letanías descriptivas de tantos autores.

No por nada fue la promesa literaria de los 90, pero como ser escritor no es sinónimo de estabilidad económica, ella solo alcanzo a publicar 3 libros: (Des)encuentros (Des)esperados, “El Daño” y “La isla de las langostas” novela infantil.

Si no lo han leído esta absolutamente recomendado. Ideal para quienes prefieren las historias no tan adornadas de fantasía, y para quienes al momento de leer un libro se entregan y lo sienten, más que analizarlo...

2 Comments:
Blogger Louis Cyphre said...
Gracias por publicar ese texto, la había leído en la revista de libros, habían publicado unos fragmentos que ya había olvidado.

En cuanto a la música, no he escuchado mucho al tío ese. Es onda Kevin Johansen? Jorge Drexler? Drexler me gusta mucho.

Eeeecooooo.Eeeeecooooo.
Ocupando de a poco el espacio
De mi abrazo hueco.

Blogger cabezadejuguera said...
La aparto con delicadeza, empujándola hasta que llega a caer de golpe sobre cojines.
La odio, pero me preocupo que no se reviente la cabeza.
Espero me lo agradezca.